MARÍA SANTÍSIMA
INMACULADA,
MADRE DE LA IGLESIA

La
sagrada imagen
de María Santísima Inmaculada, Madre de la Iglesia es una
bella dolorosa realizada en Sevilla por el célebre imaginero
Juan Manuel Miñarro.
Juan
Manuel Miñarro López nació en Sevilla, el 29 de enero de 1954. Se
formó académicamente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa
Isabel de Hungría, contando entre sus profesores a Juan Abascal, José
Escasi, Julián Ortiz, Antonio Gavira y Carmen Jiménez. Desde 1976,
simultáneo los citados estudios con el aprendizaje en el taller del
afamado imaginero Francisco Buiza Fernández. En 1984, obtuvo la
Licenciatura en Bellas Artes, presentando tres años más tarde su Tesis
Doctoral, bajo el título "Estudio de anatomía artística para la
iconografía del Crucificado en la Escultura". En 1988, consiguió
por oposición la plaza de Profesor titular de Universidad por el área
de Escultura, desempeñando su docencia en la Facultad hispalense de
Bellas Artes. En la actualidad, es Catedrático de Escultura y Director
de su Departamento universitario. Estos menesteres los compagina con una
intensa labor creativa en su taller de la calle Alberto Lista, número
15. Entre sus ya numerosos discípulos, podemos reseñar los nombres de
los jóvenes escultores Manuel Mazuecos y Ricardo Suárez.
Juan
Manuel Miñarro López es, sin dudarlo, uno de los más celebrados
escultores que trabajan actualmente en Sevilla. Su sólida y constante
formación intelectual, su contrastada calidad humana y el profundo
conocimiento que posee de su oficio, así lo acreditan, materializándose
todo ello en una fecunda producción de estilo muy personal y altos
quilates artísticos.
Se
reproduce a continuación íntegramente el estudio estilístico e
iconográfico de la sagrada imagen de la Virgen, realizado en 1996, por
D. José Roda Peña, Profesor
Asociado de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla:
ESTUDIO
ESTILISTICO E ICONOGRAFICO DE LA IMAGEN DE MARIA SANTISIMA INMACULADA,
MADRE DE LA IGLESIA.
Una
de las últimas obras de Juan Manuel Miñarro es la bellísima Dolorosa
que, bajo la advocación de María Santísima Inmaculada, Madre de la
Iglesia, es cotitular de la Hermandad Sacramental y Cofradía de
Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fe y del Perdón, vulgo Los
Estudiantes, de Madrid, que tiene establecida su sede canónica en la
Basílica Pontificia de San Miguel. Las primeras Reglas de esta joven
cofradía fueron aprobadas el 26 de mayo dé 1994 por el Cardenal Angel
Suquía y Goicoechea. La Hermandad realiza su estación de penitencia en
la tarde del Domingo de Ramos por las calles del histórico Madrid de
los Austrias, desfilando con un solo paso tallado en 1991 por Manuel
Guzmán Bejarano; sobre el sobrio canasto de caoba en su color, e
iluminado por cuatro hachones, figura el espléndido Crucificado de la
Fe y del Perdón, escultura dieciochesca atribuida a Luis Salvador
Carmona. Su espíritu penitencial, tanto en los cultos internos como
externos, resulta proverbial, habiéndose inspirado sus cofrades en los
cánones sevillanos, aun mostrando una acusada personalidad propia.
La
escritura contractual para encargar la referida imagen mariana se firmó
el 14 de febrera de 1995 entre el escultor y el Hermano Mayor de la
cofradía madrileña, D. Enrique Estrada Roig. El coste de la efigie,
que ascendió a un total de 900.000 pesetas, fue
sufragado en su totalidad por Dª. Rosario Morales Aragancillo,
Camarera Mayor Honoraria y Perpetua de la corporación. Pasado poco más
de un año, el 2 de marzo de 1996, se entregó la escultura, felizmente
terminada, a la comisión de cofrades que se desplazó desde Madrid a
Sevilla para tal efecto. La solemne bendición tuvo lugar el pasado
domingo 10 de marzo, presidiendo la ceremonia el Rector de la Basílica
Pontificia de San Miguel y Consiliario de la Hermandad, Rvdo. P. D. José
Antonio Galera de Echenique.
El
primer paso en la ejecución de esta Dolorosa consistió en la realización
de un boceto modelado en barro, de tamaño natural que, tras la
pertinente aprobación por parte de la Junta de Gobierno, ha pasado a
ser propiedad de la Hermandad. Posteriormente, dicho modelo se trasladó
mediante la técnica de la saca de puntos al material definitivo, esto
es, la madera: cedro para la cabeza y las manos, mientras que para el
busto, brazos articulados y candelero de ocho listones se empleó el
pino de Flandes; por cierto, que estos últimos elementos han sido
ejecutados por el prestigioso ebanista sevillano Francisco Bailac González,
habitual colaborador de Juan Manuel Miñarro en estas tareas
complementarias.
La
cabeza de esta Dolorosa queda enmarcada por una cabellera peinada con
raya central, recogida en un moño por un pasador dorado a la altura de
la nuca, permitiendo la visión parcial de ambos pabellones auditivos.
El rostro de la Virgen ha sido plasmado con rasgos juveniles, abundando
en la titulación concepcionista de la imagen; como es usual en la
imaginaría cristífera y mariana de Juan Manuel Miñarro, no acude a un
prototipo físico concreto, sino a un modelo arquetípico de tintes
naturalistas y claramente reconocible gracias a sus grafismos, muy
alejado del realismo retratístico de que hace gala en la mayor parte de
sus personajes secundarios de la Pasión.
La
faz de esta Mater Inmaculata, ligeramente inclinada hacia la derecha,
nos conmueve por su belleza formal y atinada expresividad; su descripción
resulta suficientemente elocuente por sí misma: frente amplia y
despejada; cejas bien perfiladas y ascendentes, sin fruncimiento del ceño;
mirada frontal, algo estrábico y perdida en el infinito, verdadero
centro focal de la atención del fiel, quien se reconoce reflejado en
unos grandes y cautivadores ojos de cristal, tamizados por livianas
pestañas postizas que evitan toda sensación de entornamiento; tres lágrimas
que resbalan por unas mejillas tersas de pómulos bien marcados, dos por
la derecha y una por la izquierda, describiendo el apetecido ritmo asimétrico;
una nariz contundente, de raigambre clásica y perfil triangular; los
labios temblorosos y entreabiertos, mostrando los dientes tallados en
marfil y la lengua proyectada sobre el arco dental inferior; la barbilla
redondeada con grácil hoyuelo en el centro y, por último, un cuello
verazmente anatomizado con los músculos esternocleidomastoideos en
tensión y la escotadura yugular señalada.
En
cuanto a las manos, éstas repiten el modelo empleado por vez primera en
la Virgen de la Candelaria de Aracena, obra del propio Miñarro fechada
en 1995; la mano derecha presenta los dedos más flexionados que su
contraria, con el fin de portar el característico pañuelo de encajes.
La firma del artista aparece, como en otras ocasiones, bajo la lengua:
"J. MIÑARRO". El busto posee una inclinación hacia el
frente, a partir de la cintura, consiguiendo de este modo la deseada
actitud itinerante y dinámica de la efigie. Con respecto a la
encarnadura de la talla, debemos reseñar su carácter mate,
acertadamente patinada a base de témperas y ceras naturales que no le
otorgan más que el brillo preciso. Asimismo, conviene mencionar que el
perno de sujección de la corona es desmontable; por cierto, que dicha
presea y el puñal , en alpaca sobredorada, han sido labrados por Manuel
de los Ríos, siguiendo un diseño neobarroco. En cuanto a las prendas
que viste la imagen, manto burdeos y saya azul, han sido confeccionadas
en terciopelo por Francisco Carrera.
Con
esta Virgen Inmaculada, Madre de la Iglesia, Juan Manuel Miñarro se
consagra como uno de los intérpretes más relevantes y genuinos de la
Mater Dolorosa, en el contexto de la plástica hispalense contemporánea.
En este sentido, su trayectoria queda avalada por un total de trece imágenes,
en un arco cronológico que oscila entre 1984 y 1996: Nuestra Señora de
la Caridad en Rota (1984), Nuestra Señora de las Angustias en Nueva
Andalucía (1985), Nuestra Señora de los Dolores en Olvera (1988),
Nuestra Señora de la Esperanza Macarena en Cuevas de Almanzora (1990),
Nuestra Señora de las Angustias en Santa María del Aguila (1992), María
Santísima del Amor en la parroquia sevillana de San Isidoro (1992),
Nuestra Señora de los Angeles en Los Palacios (1993), María Santísima
de la Paz en Los Barrios (1993), María Santísima de la Amargura en El
Parador (1993), María Santísima de la Concepción en Ceuta (1993), María
Santísima de la Candelaria en Aracena (1995), Nuestra Señora del
Rosario en Puente Genil (1995) y, por último, la imagen que ha sido
objeto del presente estudio, María Santísima Inmaculada, Madre de la
Iglesia, de Madrid, en 1996.
Año
éste de 1996 que está siendo especialmente prolífico en la
trayectoria profesional de Juan Manuel Miñarro, pues además de esta
efigie mariana, lleva esculpidas las imágenes de los apóstoles
Santiago y Pedro para el misterio de
la Sagrada Entrada en Jerusalén de San Fernando, un romano para el paso
de la Flagelación de Ceuta y un sorprendente -por su calidad e
infrecuente representación- Barrabás que forma parte del misterio de
la Presentación de Jesús al Pueblo de Dos Hermanas. A ello debemos
sumar la acertada restauración que ha llevado a cabo sobre el
seiscentista Crucificado del Desamparo y Abandono, cotitular de la
Hermandad sevillana del Cerro del Aguila, y la que en estos momentos se
encuentra practicando sobre el San Juan Bautista de la localidad
onubense de San Juan del Puerto, obra documentada de Diego López Bueno
entre 1612 y 1616. Asimismo, queremos reseñar el importante encargo que
le ha encomendado la Hermandad del Prendimiento de Sevilla para ser
estrenado el Miércoles Santo de 1997; nos referimos al bajorrelieve en
madera policromada que servirá como gloria o medallón central del
techo de palio de María Santísima de Regla, el cual conservará la
iconografía de la Asunción de la Virgen.
Sevilla,
9 de abril de 1996.

Fdo.:
José Roda Peña.
Profesor Asociado de Historia del Arte.
Universidad de Sevilla.
|